De la voluntad a la responsabilidad
28. Abril 2009 por Vanessa López | Categorías: Salud, ¿Quién es quién?¿Qué pasaría si los países se comprometieran a alcanzar el objetivo del acceso universal a la prevención cuidados y tratamiento para el VIH/Sida en 2010, calcularan los recursos económicos que son necesarios para logarlo y acordaran un modelo objetivo para repartir de forma equitativa las cantidades que cada estado debe aportar? Muy probablemente, siempre y cuando los gobiernos cumplan con la parte a la que se han comprometido, el mundo contaría con el 100% de los recursos económicos necesarios para luchar contra el VIH/SIDA en los países empobrecidos. Esto sólo no estaría garantizado que se lograsen los objetivos, son otras muchas las variables en juego, pero lo que está claro es que sin financiación suficiente, sostenible y previsible sería imposible conseguirlos.
La primera parte del supuesto se viene dando desde hace años. En las Declaraciones relativas al VIH/SIDA suscritas en 2001 y 2006 por la práctica totalidad de los estados en la Asamblea de Naciones, UNGASS, se cuantificaron los recursos que la comunidad internacional aportaría y se reconocen las necesidades que periódicamente presupuesta el Programa Conjunto de Naciones Unidas para el SIDA (ONUSIDA). Sin embargo, estos fondos nunca han sido cubiertos en su totalidad; en 2007 por ejemplo apenas hubo disponibles algo más de la mitad de fondos requeridos y la brecha de financiación continúa incrementándose.
Una de las razones que puede estar contribuyendo a este crónico agujero de financiación es la falta de un consenso sobre la cantidad de recursos financieros que los diferentes gobiernos deben aportar. Para solventarlo, desde Tenemos SIDA venimos proponiendo desde hace tiempo un cambio en el paradigma actual de financiación, basado en un principio de voluntariedad y arbitrariedad, para ir hacia un modelo fundamentado en un principio de responsabilidad mutua y para con los compromisos internacionales que los países han asumido. Este nuevo modelo de financiación se basa un sistema de cuota justa, es decir; un modelo de reparto de las necesidades financieras basado en criterios objetivos como es la riqueza de los países que permitiría cubrir el 100% de las necesidades económicas.
En el caso de la financiación total para el Sida en países empobrecidos, Tenemos Sida ha propuesto un modelo de cuota justa en el que en primera instancia se reparten las necesidades totales entre países donantes (países de altos ingresos según el Banco Mundial) y países receptores (países de medios y bajos ingresos). Esta primera distribución se realiza en base al porcentaje del PNB que ambos grupos representan en la economía mundial. Es decir, si en 2007 el PNB del grupo de los países de altos ingresos suponía el 75% de la riqueza mundial, éstos deberían soportar el 75% de la financiación para el Sida. Para determinar la contribución económica que cada uno de los estados donantes debería hacer tomaríamos el porcentaje de su PNB en relación a la riqueza total de los países de altos ingresos y dicho porcentaje se calcularía sobre la parte que debe de ser financiada por los países donantes. Por ejemplo, a España le habría correspondido aportar en 2007 el 3,4% del 75% de las necesidades presupuestadas. Sin duda es importante responder con criterios técnicos y políticos adecuados a las cuestiones básicas que conforman un modelo de cuota justa: ¿Quién debe aportar recursos? ¿Cómo repartir el peso entre los países donantes y receptores? ¿Qué medida de riqueza es la más adecuada para definir la distribución de la carga presupuestaria?; sin embargo son numerosos los criterios que se pueden tomar y por tanto hay diferentes modelos para calcular una cuota justa. Por ello, en nuestra opinión son tres los aspectos claves para lograr que se lleve a la práctica un sistema cuota justa: que se alcance un consenso entre los países en torno a cómo construirla, definir las herramientas y procedimientos para se cumpla y disponer de un sistema de medición de las aportaciones financieras al VIH/SIDA internacionalmente reconocido y consensuado. En definitiva, se trata de lograr un mecanismo completo de rendición de cuentas que parta de una cantidad a aportar definida en base a una cuota justa a un sistema eficaz y transparente de monitoreo.
En los últimos meses, Tenemos Sida ha centrado el desarrollo del concepto de Cuota Justa en el Fondo Mundial para la lucha contra el Sida, la tuberculosis y la malaria. Es uno de los principales instrumentos financieros para luchar contra las tres pandemias de la pobreza, pero ha arrastrado un brecha económica desde su creación en 2002 y en la actualidad se enfrenta a un agujero de más de 5.000 millones de dólares para 2009 y 2010. Este profundo déficit financiero se explica, al igual que en el caso de la financiación global para el SIDA, por su modelo de financiación, el cual está estructurado en contribuciones totalmente voluntarias y arbitrarias por parte de países donantes. Esto ha motivado que: Uno, que haya países que están haciendo contribuciones muy inferiores a lo que les correspondería según su riqueza. Es el caso de Japón, Reino Unido o Korea. Dos, que haya países de altos ingresos que tienen la capacidad de aportar, además de la responsabilidad política de haber firmado compromisos internacionales como la UNGASS, que no están siendo donantes del Fondo Mundial. En esta situación hay estados como Austria, Hong Kong, Emiratos Árabes o Qatar.
Con el actual paradigma de financiación el pronóstico es claro: Si los países donantes del Fondo Mundial no hacen aportaciones en coherencia con su riqueza y si todos los países con la capacidad y la obligación de contribuir no se convierten en donantes, y al nivel requerido, el Fondo Mundial no podrá continuar con el nivel de financiación de propuestas que ha alcanzado en la actualidad ni responder a las expectativas de crecimiento de los próximos años. Algo similar ocurrirá con la respuesta global al VIH/SIDA.
La solución que permitiría obtener los fondos suficientes, de forma precedible y sostenible pasa en ambos casos por la implementación un nuevo marco de financiación que lleve a un reparto objetivo de las necesidades financieras entre los países, coherente con la riqueza de cada uno de ellos y con las responsabilidades internacionales que han asumido.
Muy recientemente se han producido cambios que abren un camino en esta dirección. En la conferncia de donantes del Fondo Mundial que tuvo lugar en Cáceres a principios de abril fueron varias las voces, tanto desde los países donantes como desde la sociedad civil o desde la propia Dirección del Fondo Mundial, los que se refirieron por primera vez a la necesidad de emprender un debate en torno a un sistema de contribuciones no voluntarias y equitativas con la capacidad económica de los países donantes para lograr su sostenibilidad financiera. Aún queda camino por recorrer, pero ya hay países que hablan de una Cuota Justa para el Fondo Mundial y de la necesidad de funcionar bajo un principio de responsabilidad mutua, en el que todos los países aporten sin excusas en función de su capacidad y bajo un sistema público y transparente de rendición de cuentas.
