Rendición de cuentas de compromisos internacionales en salud

25. Abril 2009 por Joan Tallada | Categorías: Cantidad de ayuda, Salud, ¿Quién es quién?

Los instrumentos de monitoreo, ideados por la  AIDS Accountability International (AAI), pueden revelarse de enorme utilidad para un país como España.

Con frecuencia se oye hablar de Naciones Unidas como si fuera una ONG más, sólo que de las más grandes, voluntariosas y humanistas. Dejando a un lado la valoración que nos merecerían los llamamiento públicos de sus representantes apelando a las responsabilidades de la comunidad internacional, lo cierto es que Naciones Unidas es, y actúa en último término como, un organismo intergubernamental. Ya no es sólo que su financiación dependa casi en exclusiva de los estados miembros (y pagadores) sino que también son su fuente de legitimidad. Cierto, a veces aparece ante los ojos de la opinión pública por su lado más vistoso, llamando al orden a tal o cual país, u ocupándolo con tropas de las llamadas de interposición o paz, pero lo hace precisamente por tener el respaldo del resto de naciones, y muy específicamente de las más poderosas (o generosas).

Teniendo esto en cuenta, no debería de extrañar tanto que los compromisos de todo tipo que se firman en el ámbito de Naciones Unidas tiengan escasos (o inexistentes) mecanismos propios de control sobre su efectivo cumplimiento. En el mejor de los casos, las diferentes agencias de NN UU piden a los países informes de seguimiento que a menudo se publican tal cual: es decir, el examinado es también su examinador, y poco más.

Tomemos un ejemplo concreto: la Declaración de Compromiso en la Lucha contra el SIDA, firmada en 2001 por casi la totalidad de los estados miembros de NN UU. Pese a varias deficiencias motivadas por disputas morales e ideológicas, se trata de un texto nada despreciable, con objetivos, pautas de acción e indicadores de evaluación muy precisos que abarcan la práctica totalidad de las aristas de algo tan complejo como es la pandemia del .

Periódicamente, los países signatarios han de aportar a ONUSIDA datos precisos sobre el grado de cumplimiento de cada uno de las promesas realizadas en dicha declaración; (véase por cierto el informe español 2008 como muestra de auto-evaluación conspicua). Pero se dan dos problemas: uno que si no se proporciona información sobre un indicador, o ésta es parcial, no pasa nada. El segundo, que nadie verifica que los datos proporcionados sean mínimamente fidedignos, es decir, que estén validados.

Fruto de una seria reflexión sobre las limitaciones del sistema de monitoreo de los compromisos adquiridos en la lucha internacional contra el SIDA, un chileno-sueco con experiencia en los sectores privado y no lucrativo, Rodrigo Garay, impulsó la creación en Estocolmo a la organización no gubernamental AIDS Accountability International (AAI), un nombre que podría llegar a traducirse por Internacional en SIDA.

AAI ha ideado un instrumento de monitoreo denominado la Tarjeta de Puntuación de la Nacional sobre el SIDA, pensada para ayudar en la evaluación y clasificación de las respuestas nacionales frente al VIH y el SIDA. El mecanismo es simple: la Tarjeta de Puntuación Nacional emplea los datos más recientes sobre el progreso realizado en su abordaje del SIDA proporcionados por cada país a ONUSIDA y los compara con los indicadores adoptados por la Declaración de Compromiso de Naciones Unidas para su monitoreo.

¿Por qué es importante esta forma de analizar y presentar los datos? Al fin y al cabo, ONUSIDA ya incluye en su portal de internet los informes de progreso de cada país. Lo que sucede es que la información relevante para medir los indicadores está contenida en un vasto número de informes segregados y se encuentra esparcida entre temas y datos de lo más variado. La Tarjeta de Puntuación de la Nacional sobre el SIDA intenta presentar esta misma información de forma agregada, transparente y analítica, lo que permitiría a los actores comparar las respuestas de cada país en varios aspectos clave.

Tras recabar la información, AAI la transforma en mapas de colores, en los que diferentes tonos anaranjados y rojizos indican el grado de cumplimiento de cada país por áreas temáticas, y se reserva el negro para los estados que no han aportado la información requerida. Resulta chocante echar una ojeada a esos gráficos y descubrir qué zonas del planeta son las menos propensas a rendir cuentas.

Lo que todavía no ha resuelto AAI es el segundo problema: sabemos quién no informa, pero no sabemos si quien lo hace nos dice la verdad, por decirlo a lo llano. Validar los datos de los ciento y pico países firmantes de la declaración puede ser una tarea hercúlea pero AAI parece decidido a ello y por tal motivo está construyendo un red de expertos (en torno a los 1000) que participarán en ese proceso a partir de su propia experiencia y su conocimiento de la realidad.

De todas maneras ahora que la eficacia de la ayuda se ha convertido en el mantra omnipresente de la cooperación (a falta de fondos nuevos, mejorar el uso de los ya existentes; ya lo dicen las Escrituras: hay que hacer de la necesidad virtud), instrumentos como la Tarjeta de pueden revelarse de enorme utilidad para un país como España. Por un lado, contribuiría a reforzar las metodologías que apoyan la toma de decisiones en cooperación internacional en el área de la en general y del en concreto. Por el otro, nuestro país, como otros, contaría con la oportunidad de mirarse en el espejo de su propio informe para mejorar sus políticas domésticas: se pierde mucha autoridad moral como donante si se exige a los estados receptores de ayuda modelos de reporte de datos y políticas que uno no implementa en su propia casa.

Es cierto que cada vez proliferan más los modelos de o de responsabilización mutua, y convendría impulsar una discusión interdisciplinaria que tendiera a la convergencia o complementariedad metodológica que permitiera un mayor grado de comparabilidad de resultados. Pero también lo es que resulta saludable la aparición de este tipo de iniciativas desde la sociedad civil, cuyos principios inspiradores podrían aplicarse a otros ámbitos de actuación. Con ello quizá contribuyamos modestamente a que algún día deje de ser gratis total firmar declaraciones de compromiso. Si no lo hace la sociedad civil organizada, ¿quién lo hará?

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