El desafío de la aplicación
9. Febrero 2009 por Carmen de la Cruz | Categorías: Género, Reforma institucionalMis comentarios y consideraciones alrededor del Plan Director:
Lo extraordinario de lo ordinario.
El proceso de diseño y aprobación del Plan Director esta siendo un proceso de amplia participación, a través del cual diversos actores gubernamentales y no-gubernamentales han podido aportar de manera activa a su diseño definitivo, reafirmando la voluntad de construir una política de Estado en la materia. Este III Plan sienta las bases para una futura política de desarrollo y para una cooperación al desarrollo de calidad, fundamentada en un amplio consenso para erradicar la pobreza y las desigualdades, y promover el desarrollo internacionalmente. Responde de esta manera a una demanda realizada por diversos actores en los últimos años, la búsqueda de un alineamiento y coherencia con instrumentos internacionales y principios de la Agenda de la Eficacia de la Ayuda, y es también, el resultado de un proceso de aprendizaje de construcción y puesta en práctica de los planes anteriores, asumiendo algunas recomendaciones, entre otras, las del CAD. Dicho esto, es importante señalar que su texto todavía requiere de una mayor consistencia interna entre literatura y marco de resultados, que en algunos casos, como en el de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres, presenta una escasa visibilidad del tema en el texto, que es todavía poco operativo como herramienta de gestión y presenta aún algunos interrogantes ante su focalización temática, sectorial y geográfica, o las alternativas propuestas para el FAD.
Los principales retos.
El mayor desafío que hoy presenta el III Plan es el de su aplicación. Esto debería traducirse tanto en la reafirmación de sus compromisos sobre el desembolso de la ayuda en un contexto internacional de crisis, la previsibilidad del gasto, el refuerzo de los procedimientos organizativos e instrumentales de sus estructuras institucionales, y las capacidades humanas internas, tanto en número como en calidad, la puesta en marcha de una gestión flexible basada en resultados, la capacidad de coordinación de actores, como por ejemplo el fortalecimiento del papel del Consejo de Cooperación, el seguimiento, y rendición de cuentas de la cooperación como sistema, y de los actores entre sí.
Si todo va bien, ¿donde estaremos en 2012? ¿Que habrá pasado con/en la Cooperación Española?
Siendo optimista, y si su aplicación fuera ejemplar, España cumpliría un papel de liderazgo en el ámbito político a nivel internacional; a nivel del país, estaría dando respuesta, de manera gradual pero sostenida, a un compromiso con la sociedad española, y haría de la igualdad, la paz, la lucha contra la pobreza, y la eficacia una marca de calidad de la ayuda al desarrollo española.
