¿Una cooperación ensimismada?
23. Octubre 2008 por Carlos Hernández Ferreiro | Categorías: Declaración de Paris, EuropaEl esfuerzo del nuevo Plan Director de la Cooperación Española ([pdf] del primer borrador, [pdf] de los planes de acción) por subirse al tren de la Agenda de la Efectividad de la Ayuda puede haber dejado a la cooperación española en una especie de estado de ensimismamiento, en el cuál, a cambio de una alineación, en muchos casos formal, a los principios, los objetivos y las herramientas de dicha agenda, la cooperación española parece perder de vista algunas de las implicaciones más profundas de la misma.
Times - they’re a-changing en la Cooperación Española. No hace falta más que poner, uno al lado del otro, el pasado Plan Director 2005-2008 con el borrador de Plan que se está presentando en estos días. Y es que entre ambos documentos han ocurrido demasiadas cosas en el mundo de la cooperación internacional.
La cooperación española tenía pendiente, de alguna manera, la incorporación de la agenda de Paris y el Consenso Europeo en el ámbito de sus ejercicios de programación y, de manera particular, en uno de los documentos más emblemáticos de dicho esfuerzo: el Plan Director 2009-12.
En este sentido, la redacción y los contenidos de este borrador de nuevo Plan Director no dejan lugar a dudas de la intención de sus redactores de hacer de esta agenda, de manera muy explicita, el elemento en torno al cuál se va a articular el devenir de la cooperación española, al menos durante los próximos cuatro años.
Y, sin embargo, no resulta tan convincente este ejercicio de apropiación de la agenda de París, si lo observamos desde una comprensión algo menos inmediata de los principios establecidos en dicha agenda.
Tanto la Declaración de París como el Consenso Europeo sobre Desarrollo y el Código de Conducta sobre la División del Trabajo suponen, ante todo un esfuerzo por crear una visión sistémica, compartida por donantes y receptores, que regule las relaciones de cooperación entre estos.
Se trata, si se quiere, de una apuesta de “orden” en un contexto en el que, casi nunca, ha sido posible articular un lenguaje común y vinculante para todas las partes implicadas, y en el que era muy necesario habilitar herramientas que permitieran trascender hacia una comprensión de las relaciones de cooperación más ajustadas a los desafíos y las oportunidades de la globalización.
De este modo, la agenda de París, si bien implica abordar la reforma de los instrumentos de cooperación para el desarrollo hacia dentro de cada uno de los sistemas de cooperación nacionales, supone, sobre todo, que esta reflexión se debe hacer en un contexto más amplio (global) de cambio y de reforma. Es decir, desde una apuesta por la armonización de esfuerzos y una mejor coordinación entre donantes y receptores.
El borrador de Plan Director parece perder de vista esta última dimensión. Así, la armonización, como valor sustantivo de una cooperación que pretenda situarse en línea con los principios de París, parece tener un peso residual en todas y cada una de las propuestas que plantea este documento, y de modo particular, pero paradójico a la vez, en el marco de la apuesta por un “multilateralismo activo”.
Más aún, en el borrador presentado raramente se incluye una reflexión sobre, por ejemplo, los mecanismos de cooperación delegada, o la inserción de las iniciativas de la cooperación española en el marco de las políticas llevadas a cabo por otros donantes, particularmente donantes europeos. Además, como se ha dicho ya en otras entradas de este Foro, hay pocas referencias a la especialización sectorial o geográfica de la AOD española y sigue sin estar definido el catálogo de nuestros países socios.
En otras palabras, pareciera que la Cooperación Española, a través de este nuevo plan, entrara en una especie de soliloquio, un discurso autorreferencial que, aunque necesario por cuanto el Plan Director debe hablarle principalmente a los actores de la cooperación española, no parece suficiente para dotar al Sistema de la Cooperación de las herramientas necesarias para actuar en plenitud en el ámbito de la Declaración de París y de los consensos Europeos. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que nuestros instrumentos de planificación son también nuestra carta de presentación ante el resto de actores que operan en la cooperación internacional.
Resulta evidente que todavía es pronto para emitir un juicio sobre los impactos que el nuevo Plan Director va a tener sobre la Cooperación Española. Más aún si como parece muchos de sus desarrollos más concretos van a reenviarse en el marco de un segundo ejercicio de planificación específica para cada uno de los ámbitos estratégicos definidos por el Plan (tal vez sea ahí donde se pueda abordar una verdadera apuesta por la armonización y la coordinación hacia fuera).
Aún así, la construcción de la cooperación española en el marco de la nueva agenda internacional requiere pensar activamente en los mecanismos de división del trabajo y de armonización con el resto de donantes; mecanismos que nos permitan coadyuvar los procesos y los objetivos a los que este Plan parece consagrarse. Se trata de una reflexión que, por el momento, parece seguir vacante al comienzo de este nuevo ejercicio de planificación. Esperemos también que sea una reflexión que se pueda activar más pronto que tarde.

