Hacer de la necesidad virtud: De la suma de actores a la articulación de esfuerzos dentro de la Cooperación Española

24. Septiembre 2008 por Angustias Hombrado-Martos y Carlos Hernández Ferreiro | Categorías: Reforma institucional

La cooperación española tiene ante sí el importante reto de trasladar a la esfera interna las orientaciones internacionales sobre la armonización y complementariedad entre donantes. Todas las administraciones públicas deben asumir la responsabilidad compartida de garantizar una mayor coordinación interna, con vistas a mejorar la calidad y eficacia agregadas de la AOD española. Ello pasa por la combinación de mecanismos institucionales e incentivos adecuados que garanticen la participación efectiva de los entes descentralizados en definición de una única política española de cooperación al desarrollo, con la voluntad política de potenciar las intervenciones conjuntas y más coordinadas.

La , reflejo de la multiplicidad de actores del sistema español de cooperación internacional, ha sido unánimemente reconocida como uno de nuestros activos más valiosos. Sin embargo, las varias administraciones territoriales tienden a realizar intervenciones en cooperación al desarrollo de forma autónoma y desarticulada, repercutiendo con ello en la deficiente coordinación interna y coherencia general del sistema.

No en vano, las comunidades autónomas y las entidades locales han contribuido sustancialmente al incremento cuantitativo de la AOD española, y representan en la actualidad en torno al 15% de la AOD total y al 25% de la AOD bilateral. Además, como han descrito entre otros Freres y Hombrado, los gobiernos regionales se han embarcado en la reciente aprobación de sus respectivas leyes de cooperación, instrumentos de planificación y documentos estratégicos, así como en la creación de agencias y el despliegue de oficinas sobre el terreno.

Por una parte, esta proliferación normativa e institucional constituye un buen síntoma de maduración y consolidación de las políticas de cooperación internacional a nivel subestatal. Por otra, sin embargo, se ha tratado de un despliegue más o menos independiente y desordenado, acentuándo los riesgos de fragmentación y dispersión de la cooperación española, con intervenciones de escaso impacto, duplicación de esfuerzos y falta de especialización geográfica: Baste recordar que el II Plan Director identifica 56 países prioritarios, preferentes y especiales, a los cuales las CCAA han sumado hasta 11 más; y en la práctica la ayuda al desarrollo española se distribuye anualmente entre más de un centenar de países.

Teniendo esto en cuenta, no sorprende la advertencia hecha por el CAD en su última revisión por pares de la Cooperación Española (“Peer Review”) sobre los problemas de descoordinación interna y los efectos negativos de dicha falta de “armonización en casa” para la eficacia y calidad agregadas del sistema. Y de manera muy pertinente José-Antonio Alonso también ha destacado los altos costes de interlocución y transacción que ello impone para nuestros socios en el Sur.

Constatadas las debilidades de articulación de la y sus dificultades para asumir los cambios que se están operando en la agenda internacional del desarrollo, la fase actual de institucionalización de los sistemas de cooperación autonómicos y de reforma de la AECID, así como la inminente elaboración del III Plan Director de la Cooperación Española nos brindan una coyuntura nada despreciable para abrir un debate general y transparente y con alcance político y público, sobre las necesarias relaciones de colaboración y coordinación intergubernamental.

Se trata de un debate oportuno en el contexto de recesión -cuando no de crisis- económica generalizada a nivel global, pero sobre todo de un debate que los responsables políticos en los tres niveles de gobierno –central, regional y local- no pueden obviar si se comprometen realmente con la mejora de la calidad de nuestra ayuda. Este compromiso obliga a repensar no sólo el “cuánto” cooperamos sino el “cómo” lo hacemos –de forma coordinada, planificada y con objetivos claros–, con vistas a no desperdiciar recursos y capacidades y garantizar que nuestras herramientas de intervención responden satisfactoriamente a los objetivos del desarrollo.

A tal fin, es importante reconocer y potenciar las hasta ahora excepcionales iniciativas correctoras frente a la dispersión y fragmentación de la ayuda. Entre ellos:

  • Los fondos de solidaridad, que aglutinan las aportaciones municipales para garantizar una masa crítica de recursos.
  • Las propuestas de planificación y programación conjuntas como el Programa MUNICIPIA, que esperamos cumpla de manera efectiva e inmediata sus expectativas iniciales de articular los esfuerzos de la AECID, la Confederación de Fondos de Solidaridad y la FEMP en torno a una estrategia común respecto al desarrollo local.
  • Los foros de discusión como el recientemente celebrado Primer Encuentro de Comunidades Autónomas y Cooperación al Desarrollo en Zaragoza en julio de 2008.

El éxito de la colaboración y coordinación intergubernamental dependen de la conjunción de mecanismos institucionales, voluntad política y una estructura de incentivos adecuada. Aún cuando constituye un primer paso, no basta con declarar formalmente que la política de cooperación debe estar “basada en el diálogo y la concertación entre actores” -según dispone la segunda directriz del PACI 2008-, ni anunciar la creación de una Conferencia Sectorial de Cooperación -como lo hiciera la anterior Secretaria de Estado de Cooperación-. Por encima de todo, es fundamental que la administración central cumpla tales promesas y habilite las herramientas necesarias; como contrapartida, los entes descentralizados deben también comprometerse a participar más activamente en la definición de una única política de cooperación más integrada y a desarrollar actuaciones conjuntas en el marco de la misma.

De acuerdo con lo anterior, entendemos que tomarse la en serio no significa cultivar una actitud complaciente sino apostar por su examen crítico. Para ello, la descripción ideal de la misma basada en su conexión especial con el tejido social solidario o su fuerte compromiso con la sensibilización y educación para el desarrollo, no debe negar su reconocimiento como acción gubernamental y su vinculación con la búsqueda de mayores espacios de autonomía política por los entes regionales y locales.

Esto significa que la no constituye un nuevo paradigma ajeno y alternativo a la clásica ayuda entre estados, sino que ella misma forma parte y reproduce dicho entramado tradicional de relaciones intergubernamentales y por lo tanto, la reflexión crítica sobre ella puede servir para repensar más ampliamente las relaciones entre los gobiernos del Norte y del Sur. Esto significa atrevernos a aplicar de manera efectiva el principio de apropiación y la alineación adecuada de los esfuerzos de cooperación de todos –estado central, comunidades autónomas, entes locales y sociedad civil-, con lo objetivos y las agendas marcadas por los países y las sociedades del Sur, asumiendo nuestro papel como meros coadyuvantes en tales procesos.

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  1. Una respuesta a “Hacer de la necesidad virtud: De la suma de actores a la articulación de esfuerzos dentro de la Cooperación Española”

  2. 15.Octubre 2008 por Stefan Meyer

    Acaba de salir la comunicación de la Comisión Europea sobre Autoridades locales: actores para el desarrollo (COM(2008)626 8 páginas). El documento viene acompañado por un informe que parece inusitadamente generalista y poco orientado a la aplicación (SEC(2008)2570 8 páginas) .

    La comunicación ensalza las ventajas comparativas de la cooperación descentralizada, notablemente en el sector de la gobernanza democrática. Al mismo tiempo llama la atención sobre la complejidad que genera tal multitud de actores, en ocasiones sin enfoques claros, y los costes administrativos que generan para la contraparte. Recomienda la adhesión de actores locales a los principios consensuados de la eficacia de ayuda, como la Declaración de Paris. La comunicación se entiende como el comienzo de un proceso a nivel europeo para establecer reglas sobre la actuación de la cooperación descentralizada. De hecho, la comunicación tiene mayoritariamente un carácter descriptivo, con el objetivo de llamar la atención sobre este fenómeno (básicamente español, alemán, francés y belga). Termina en hacer un llamamiento a un “dialogo estructurado”, sin especificar compromisos vinculantes.

    A lo largo de la comunicación se asume que la descentralización de poderes a niveles más locales genera automáticamente más cercanía a la ciudadanía y por eso más control democrático y mayor responsabilización de los que gobiernan. Mientras esto ya en países europeos no siempre puede afirmarse (sin ir más lejos, pensamos en algunos caciquismos locales en ciertas provincias españolas), en países menos adelantados esta idea ha sido criticada, comprobando la captura de fondos locales por elites, el aumento de la corrupción y la debilitación del estado central que aún así carece muchas veces de capacidades. Jean-Philippe Platteau es uno de los académicos que más han aportado a este debate. El reciente informe sobre los ODM publicado por la Comisión Europea (hemos informado) recoge estas preocupaciones (paginas 63-64). Bajo esta luz, la reciente comunicación parece más bien ingenua.

    Acorde con esta iniciativa de reflexionar sobre la cooperación internacional por actores locales, impulsada por la Presidencia Francesa del Consejo Europeo, la edición de las Jornadas Europeas de Desarrollo del 15-17 noviembre tienen un enfoque en cooperación descentralizada del Norte y gobiernos locales en el Sur. Además se promueve el hermanamiento entre municipalidades europeas y los de los estados APC.

    Mientras tanto, la consulta del Plan Director 2009-2012 ha empezado. El borrador del nuevo Plan Director define seis “ámbitos estratégicos”, uno de ellos la “coordinación y complementariedad de los actores” (capitulo 6.6) que se refiere a la coordinación interna de la cooperación española en su conjunto, guiada por la idea de que haya una política única (de Estado) en el área de cooperación internacional al desarrollo. Se dibujan una serie de medidas y espacios para una mejor comunicación y armonización, junto con la iniciativa de buscar ventajas comparativas de las Comunidades Autónomas y las Entidades Locales. Siendo una de los seis ámbitos estratégicos, esta línea de actuación promete convertirse en una tarea exigente, pero prometedora para convertir la diversidad española en una ventaja.

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