Brasil en Accra: Una apuesta firme por la cooperación Sur-Sur
11. Septiembre 2008 por Sarah-Lea John de Sousa | Categorías: Declaración de Paris, Latino América, MultilateralismoLa postura crítica de Brasil frente a la agenda de Paris, rechazando ésta y el concepto de “nuevo donante” en especial, fue manifestada ya antes en las negociaciones durante el tercer Foro de Alto Nivel sobre la Eficacia de la Ayuda, celebrado la semana pasada en Accra. Si bien su posición no era nueva, su fuerte impacto en las negociaciones ha sorprendido a algunos.
Brasil tiene relativamente poco peso como donante en términos financieros. El gigante sudamericano forma parte todavía de los receptores netos de ayuda al desarrollo. Pero sin duda Brasil se convierte en un actor activo y cada vez más decisivo en el sistema internacional, incluyendo también la cooperación al desarrollo. El Informe de la Cooperación en Ibero América publicado en 2007 por la SEGIB señala que Brasil es en América Latina uno de los países más activos en la Cooperación Sur-Sur.
Su cuerpo diplomático es muy profesionalizado y cuenta con una alta capacidad de negociación. Estos factores contribuyen a que Brasil se posicione como un actor que incide cada vez más en la agenda internacional del desarrollo. Su creciente peso en este ámbito se refleja, no sólo en su impacto en negociaciones como la de la semana pasada en Accra, sino también en el lanzamiento de iniciativas como la “Acción Contra el Hambre y la Pobreza” en 2004, respaldada también por España.
En una publicación reciente el embajador Luiz Henrique Pereira da Fonseca, director de la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC), destaca que para Brasil es clave distinguir entre la cooperación Norte-Sur, caracterizada por una relación desigual entre donante y receptor, y la cooperación Sur-Sur, donde ambos países se perciben como socios en un proceso de desarrollo. En este sentido subraya que
“la CTPD [Cooperação Técnica entre Países em Desenvolvimento] practicada por Brasil constituye un acto soberano de solidaridad y, por eso, no debe someterse a reglas que se destinan a países donantes, en el ámbito de la asistencia Norte-Sur, como las constantes en la Declaración de París, firmada en marzo de 2005 por 91 países, en un encuentro inspirado por la OCDE. Nola propia ONU- como, entre otros, los de apropiación o dominio (ownership) y los de responsabilidad (accountability) de los países en desarrollo sobre los programas de cooperación técnica.” obstante, es verdad que Brasil estimula la aplicación de los principios – defendidos no solamente en la Declaración de París, sino también en documentos de la propia ONU- como, entre otros, los de apropiación o dominio (ownership) y los de responsabilidad (accountability) de los países en desarrollo sobre los programas de cooperación técnica.”
Luiz Henrique Pereira da Fonseca, “La visión de Brasil sobre la cooperación internacional”, Revista Española de Desarrollo y Cooperación, Nº 22, Primavera/Verano 2008, página 76
Esta posición crítica frente a la Declaración de París creó dudas sobre la posibilidad de que la delegación brasileña en Accra fuera a firmar la Agenda de Acción de Accra (AAA). Tras la amenaza de rechazar la AAA, Brasil logró en las negociaciones finales introducir su concepto de cooperación Sur-Sur como modelo alternativo a la “perspectiva rígida del sistema mundial de desarrollo que clasifica los países en donantes o receptores”. Un éxito sustancial reside en la formulación final del apartado 19e de la AAA, según la que:
La cooperación para el desarrollo Sur-Sur debe observar el principio de no interferir en los asuntos internos, establecer igualdad entre los asociados en desarrollo y respetar su independencia, soberanía nacional, diversidad e identidad cultural y contenido local.
En este sentido, Brasil influyó, junto con Nicaragua, fuertemente en la promoción de las perspectivas de los países del Sur, reunidos en el llamado grupo de consenso. Con vistas al futuro, especialmente al IV Foro de Alto Nivel en 2011, esto abre la puerta para diversificar la agenda de París hacia un nuevo equilibrio entre los actores. Otra pista importante para que esto suceda en el futuro se encuentra en las varias referencias que hace la AAA al papel importante de las Naciones Unidas como un actor complementario en la coordinación de la cooperación al desarrollo, en especial ECOSOC y el Development Cooperation Forum.
La cuestión de la complementariedad de la OCDE y de las Naciones Unidas, en la coordinación de la cooperación al desarrollo, está ganando cada vez más importancia con vistas al futuro y en especial considerando actores como Brasil.
En este contexto cabe destacar, que mientras la posición de Brasil frente al proceso de Paris y Accra ha sido más bien agresiva y crítica, el gigante sudamericano está participando activamente en el Development Cooperation Forum del ECOSOC y apoya tradicionalmente el papel de las Naciones Unidas como actor multilateral clave en el sistema internacional, entre otros en el ámbito de la cooperación.
Observando estos acontecimientos recientes, surge la pregunta sobre los motivos de Brasil para defender de forma tan vehemente una clara distinción entre la cooperación Sur-Sur y la cooperación Norte-Sur:
Brasil cuenta con una posición híbrida entre el Norte y el Sur, la cual ha sabido convertir en un valor añadido para su papel y su impacto en las relaciones internacionales en los últimos años. Por un lado está ganando peso en términos cuantitativos, con una economía que ocupa el décimo lugar del ranking mundial según el índice del Banco Mundial, la alta participación de multinacionales brasileñas en el comercio y las inversiones mundiales, su tamaño geográfico y demográfico, etc. Pero por otro lado tiene que enfrentarse a desafíos como el bajo nivel de desarrollo socio-económico de su población, la alta desigualdad y otras cuestiones que preocupan los países en vías al desarrollo. En su política doméstica, esto puede crear tensiones para legitimizar la ayuda desembolsada por parte de Brasil, mientras que en el país se mantienen los niveles de pobreza y desigualdad.
Brasil es sin duda un actor global que apoya los valores de democracia y derechos humanos, formando a su vez parte del Sur. Brasil proyecta su papel de“puente” entre Norte y Sur – caracterizándose a la vez como defensor de los países en vías de desarrollo y socio estratégico de potencias como la Unión Europea y los Estados Unidos.
Ahora Brasil apoya la AAA, si bien solamente con la condición de ver reflejados algunos cambios sustanciales. Pero aún así sigue estando en el aire la cuestión sobre los pasos a dar hacia el futuro:
- ¿Va a mantener Brasil su posición crítica, rechazando completamente el concepto de donante y resaltando que la cooperación sur-sur es algo completamente diferente?
- ¿Qué papel asumirá la ONU y en concreto el Development Cooperation Forum en la coordinación de la ayuda y la cooperación Sur-Sur?
- ¿Qué posición ocuparán las potencias emergentes, en particular Brasil, en el sistema de desarrollo en cambio?
- ¿Qué rol de liderazgo tomará Brasil en el contexto latinoamericano donde hay seis países participantes en el proceso de seguimiento a la Declaración de París y que busca una implementación adaptada a las condiciones específica de la región?

2 respuestas a “Brasil en Accra: Una apuesta firme por la cooperación Sur-Sur”
11.Septiembre 2008 por Bruno Ayllón Pino (IUDC)
La “postura crítica de Brasil” comentada por Sarah-Lea, está en realidad conectada con el perfil de la diplomacia del gobierno Lula y, en especial, con los sectores más nacionalistas, con orientación “tercermundista” de su ministerio de Exteriores, el Itamaraty.
En el fondo de la crítica del gobierno de Brasil y, más especificamente, del sector diplomático que formula y ejecuta su política exterior, se encuentran prejuicios ideológicos sobre la OCDE y una resistencia a admitir que el propio grado de desarrollo que Brasil experimenta hace que las opciones de inserción internacional, y más concretamente, de ingresar en la “primera división” de los países desarrollados, pase por un acercamiento a la OCDE y por la aceptación de sus estándares. De esta forma, la política exterior del gobierno Lula sigue demostrando una falta de “realismo estratégico” evidente (ver al respecto AYLLÓN, Bruno & VIOLA, Eduardo: “Lula y el déficit de realismo estratégico en política exterior”, Política Exterior, septiembre-octubre, nº 113, 2006, pp.123 - 134.)
En el mismo número 22 de la Revista Española de Desarrollo y Cooperación, dedicado integramente a Brasil y editado por el Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la Universidad Complutense de Madrid, puede encontrarse un esclarecedor comentario del profesor Paulo Roberto de Almeida sobre la posición de Brasil en relación a la OCDE, que ayuda a explicar la postura oficial adoptada en Accra. Transcribo por su interés el citado trecho:
y continua el autor al respecto del papel de Brasil en el sistema internacional de cooperación:
Y concluye con una pregunta instigadora:
19.Septiembre 2008 por Miriam Gomes Saraiva
La postura brasileña respecto a la cooperación Sur-Sur durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) es diferente de la del gobierno actual (desde 2003). Si tomamos América del Sur como principal escenario de la cooperación Sur-Sur de Brasil, la diplomacia brasileña ha vivido un punto de inflexión con el cambio de gobierno. La idea de vincular el desarrollo brasileño con la integración, la democracia y la estabilidad en la región ha surgido durante la administración de Cardoso, pero ha sido durante el gobierno actual –y sobretodo a partir del segundo mandato iniciado en 2006– cuando Brasil ha procurado asumir una posición más clara de liderazgo regional. En este contexto, liderazgo significa el esfuerzo de cumplir un papel de “paymaster” en el sentido de buscar consensos en cuestiones regionales y, en cierta forma, asumir los costos de un proceso de integración o cooperación regional.
Brasil es un país que, aunque tenga el PIB más alto de América del Sur, no tiene la renta per cápita más alta ni tampoco una distribución de renta equilibrada. Al contrario, la alta desigualdad socio-económica provoca pobreza y una deuda social que hace políticamente difícil defender la ayuda al desarrollo para el exterior. La ayuda al desarrollo para los países vecinos recibe críticas de parlamentarios, de los medios y de parte de la burocracia estatal. Por ejemplo, hace poco ha sido aprobado que el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) pueda financiar inversiones en países vecinos. Pero hasta hoy estas iniciativas son muy pocas y enfrentan resistencias internas de las agencias del gobierno.
Por otro lado, el país no deja de, poco a poco, aumentar la cooperación con su entorno siendo dos características importantes las que destacan en su discurso: (1) rellenar espacios vacíos en términos de “nichos” industriales y de infra-estructura, con inversiones para las empresas brasileñas; (2) hacer posible una mayor transferencia de tecnología y de conocimiento que la que sería posible dentro de los modelos norte-americanos. Esto podría ser interpretado por algunos como expansionismo, asunción del comportamiento de un país desarrollado, etc.
Pero es verdad, que la diplomacia brasileña siempre trató de ocupar un papel que Sarah-Lea llama “puente” entre el Primer Mundo más industrializado y un Tercer Mundo más pobre. Esta idea existe, de forma explícita, ya desde los años 70. Con este lugar, Brasil puede reivindicar simultáneamente tanto los beneficios de los países más pobres (en los años 70 se centraban en el Sistema Generalizado de Preferencias), como también los de los países más ricos (espacios de poder en la política internacional). Su imagen como emergente o Estado “system-affecting” es conveniente en términos diplomáticos y permite una acción variante de acuerdo con la geometría en cuestión.
Finalmente, no creo que esta posición brasileña sea una falta de realismo. La diplomacia brasileña siempre organizó su política exterior a partir de paradigmas muy realistas, pero que varían de acuerdo con la perspectiva de sus formuladores. En el interior de la diplomacia brasileña, existe una corriente más vinculada a los regímenes internacionales y busca alcanzar objetivos como la autonomía y el universalismo. En este caso, la entrada en la OCDE podría ser vista más como objetivo que como instrumento. Otra corriente –que yo prefiero llamar autonomista– busca estos mismos objetivos pero da más énfasis a la autonomía, en el sentido de preservar un mayor margen de maniobra y decisión para el gobierno brasileño. En este caso, entrar en la OCDE sería ajustarse a determinados modelos de comportamiento o formar, junto con los países más ricos, modelos comunes de su ayuda al desarrollo, lo cual equivaldría a limitar el margen de decisión. La diplomacia brasileña, desde la línea más institucionalista hasta la más autonomista, recomienda la entrada de Brasil en los diferentes foros del “Club de los grandes”, lo que varía es el margen de autonomía que el país debe mantener en estos foros.
Miriam Gomes Saraiva es investigadora en la Universidade do Estado do Rio de Janeiro