La rendición de cuentas en las ONG
9. Julio 2008 por Miguel González Martín | Categorías: Sociedad civilSegún el barómetro del CIS de octubre de 2006, las ONG eran las instituciones que más confianza despertaban entre la ciudadanía. Casos recientes de corrupción ponen el acento en el control de su gestión financiera y suscitan un debate de mayor alcance.
En España, el papel de las ONGD ha estado centrado más en la provisión de servicios que en la incidencia. Sin embargo, se está produciendo una transición hacia esta comprensión de las ONGD como agentes de incidencia, que también afecta al proceso de rendición de cuentas. En este doble papel, las preguntas tendrán que ver tanto con la eficacia y la gestión de recursos como con sus estructuras organizativas y su legitimidad.
Por otro lado, en una especie de carrera loca por la rendición, se cierne el riesgo de la emulación de mecanismos propios de otros sectores (como las empresas), sin una debida reflexión sobre su aplicabilidad al sector. Asimismo, es necesario reconocer que existen demandas de rendición de cuentas que no son políticamente inocentes y buscan cuestionar a organizaciones que resultan incómodas.
Las dos cuestiones de fondo son: ¿Ante quién rendir cuentas? ¿Sobre qué rendir cuentas?
¿Ante quién? Las organizaciones rinden cuentas hacia arriba, es decir, hacia quienes les proporcionan los fondos y hacia quienes las gobiernan. Pero también deben rendir cuentas hacia el interior de las organizaciones (personal contratado y voluntario, colaboradores) y hacia las personas beneficiarias.
¿Sobre qué? Es obvia la necesidad de rendir cuentas sobre la gestión de los fondos, pero es, igualmente necesario el debate sobre el sentido y la misión de las organizaciones. El debate sobre la rendición de cuentas, planteado de esta manera amplia, podrá tener el efecto de reforzar la legitimidad y la eficacia del sector, y estimular la discusión sobre el poder y la democracia en una esfera social más amplia.

6 respuestas a “La rendición de cuentas en las ONG”
9.Julio 2008 por Pepe Moreno
Uno se pregunta qué dudas puede haber sobre la rendición de cuentas de las ONGD en España si muchas de ellas dependen fundamentalmente de fondos públicos (algunas importantes llegando casi al 100% de financiación pública).
Otra cosa es que a los financiadores les interese o no la responsibilización tanto técnica (eficacia) como política (incidencia) de las ONGD… En la cooperación descentralizada se suele hacer una “criba ex ante” basándose en criterios de afinidad política, mientras que la AECID a veces parece que ya no sabe a dónde con sus fondos. Lo que, por un lado, imposibilita la competitividad y, por otro, crea incentivos perversos para la rendición de cuentas más allá de la parte financiera.
17.Julio 2008 por Miguel González Martín
Gracias, Pepe, por el comentario.
Es cierto que la financiación de muchas ONGD en España viene de fondos públicos, lo que, al menos en esa parte, disiparía las dudas sobre la rendición de cuentas financiera. No en vano, los casos recientes y sonados de mala gestión son en organizaciones con altísima financiación privada. Sin embargo, lo que quiero apuntar en mi nota es que la rendición de cuentas va más allá de lo financiero y se dirige a alguien más que a los financiadores: es necesario explicar bien qué sentido tiene nuestro trabajo, qué hacemos con los fondos de cooperación, qué es esperable en términos de resultados y cómo entendemos estos. Hace falta un debate social más informado. Me parece que la aportación al foro de José Moisés Martín insiste en esa dirección.
En cuanto a la cooperación descentralizada, en los casos que yo conozco más de cerca (País Vasco y Navarra) no creo que hoy por hoy sea aplicable lo que señalas de “criba” previa por afinidad política, al menos en el ámbito autonómico. Más bien, nos encontramos incluso con requisitos más estrictos que en la propia AECID, y una supervisión bastante cercana por parte de la sociedad civil. Incluso puede funcionar el “café para todos”, es decir, tener contentas (o enfadadas) a todas las organizaciones por igual. Con lo cual se hace difícil priorizar sectores, zonas, estrategias…. Pero esta discusión es para otro hilo del foro (cooperación descentralizada) que espero se ponga en marcha pronto.
Por cierto, que el texto completo del artículo sobre rendición de cuentas cuyo resumen está en el foro se puede encontrar en este link
Un saludo cordial
18.Julio 2008 por Mar Trigo
Buen artículo, Miguel Ángel. El tema es interesante pero tengo sobre él dos visiones contradictorias que no soy capaz de conciliar. Por un lado, creo que la transparencia y la rendición de cuentas son importantes pero, a veces, pienso que el hecho de que este debate lleve tantos años abierto (entre técnicos, que no en la sociedad) es fruto de un constante mirarse el ombligo del sector. Ante tantos y tan buenos planteamientos técnicos a los que poco puedo añadir, voy a centrarme en eso del ombligo.
Los mecanismos de rendición de cuentas están inventados y en uso, no son muy diferentes a los de cualquier otro sector y las ONGD hace tiempo que dejaron de ser una novedad, están integradas en la sociedad. Está muy bien querer mejorarlos y hacer de la transparencia un rasgo distintivo pero, vernos constantemente como algo distinto que requiere mecanismos propios parece un poco ¿narcisista? Tenemos buenas intenciones, sabemos lo que es bueno, les decimos a los demás lo que tienen que hacer, nosotros lo hacemos bien y sobre todo, queremos que nos vean así porque de nuestra buena imagen depende nuestra sostenibilidad… Llevado al extremo, parece como si quisiéramos estar en un escaparate donde todo el mundo pudiera comprobar en tiempo real qué hacen las ONGD. Pues en eso tampoco somos distintos, Gran Hermano ya está inventado.
También es posible que esta manía de mirarnos al espejo de forma compulsiva no sea tanto por contemplar nuestra hermosa imagen, sino por traspasar el espejo y entrar en el país de las maravillas, ese en el que las ONGD son eminentemente participativas, en el que hay reflexión y debate por nuestra aportación y nuestro papel en las sociedades del Norte y del Sur, en el que dejamos de ser una factoría de proyectos para preocuparnos por los resultados, la mejora y la innovación y donde los beneficiarios pueden evaluar nuestro trabajo. Si el objetivo último de la rendición de cuentas son estos temas, convendría llamarlos por su nombre y hablar de ellos directamente y de cómo mejorarlos.
Se han conseguido cosas interesantes en los últimos años, no veo la necesidad de justificar constantemente por qué estamos aquí, sino más bien responder a otras preguntas, como ¿qué vamos a hacer a partir de ahora?
22.Julio 2008 por Miguel González Martín
Gracias por tu comentario, Mar. La impresión que saco de mi limitada experiencia es que no llevamos tanto tiempo hablando de estas cosas. Y, como tú dices, es necesario que este debate asome la cabeza más allá del círculo donde se produce. Ojalá seamos capaces de facilitarlo. Por otro lado esa misma falta de permeabilidad del debate a la sociedad podría ser un indicio de que no estamos tan integrados/conocidos y reconocidos socialmente como señalas a continuación.
Pienso que el nuestro es un sector completando su maduración – por eso, como un adolescente, tal vez algo aquejado del “ombliguismo” que tú denuncias. No me atrevería a generalizar. En cualquier caso, sí me atrevo a afirmar que el “negocio” que nos traemos entre manos tiene determinadas singularidades que justifican pensar en algunas herramientas propias. Con toda seguridad, no hay que inventar la rueda en algunos aspectos y hay muchísimo que aprender estando abiertos a nuestro alrededor. Sin ir más lejos, en el manejo de una de nuestras principales “materias primas”: las personas y las relaciones con ellas y con los grupos que forman. Pero en otras dimensiones – y también en el de las personas que ponía de ejemplo - se puede dar una vuelta de tuerca a los mecanismos al uso. ¿Podría verse en esto un prurito elitista o la búsqueda de un purismo que está a miles de kilómetros de nuestra realidad diaria, mucho más “espesa y municipal”? Parece que tú sugieres algo así.
Por mi parte, tiendo a pensar que más bien se trata de un intento franco de profundizar en un par de principios que tradicionalmente han definido la identidad de nuestras organizaciones. Primero, que nuestro trabajo tiene una indudable y necesaria dimensión política. Segundo, que nuestro modo de organizarnos y operar ha de ser coherente – así sea parcial y tendencialmente- con aquello que propugnamos. Estos dos principios creo que algo pueden decir, por ejemplo, a nuestra forma de concebir y valorar los “resultados” de nuestro trabajo. Insisto, es evidente que esto entra en tensión con muchísimas cosas de nuestro día a día. Las contradicciones son el pan nuestro cotidiano, personal y organizacional. Incluso admito que en nuestro ámbito de actuación no está de más un cierto sano escepticismo ante formulaciones redondas que poco tienen que ver con la dureza unas veces, y la inanidad otras, de lo real e inmediato. Pero, en mi modesta opinión, no es ombliguismo tratar de reconocer algunas peculiaridades de nuestras organizaciones y adecuar – y/o crear - sabiduría organizacional al servicio de la misión que tenemos. Esto no tiene necesariamente que ser sinónimo de vivir en la inopia ni de creerse mejores que nadie.
Un saludo cordial.
25.Agosto 2008 por Francisco Rey
El debate hasta ahora planteado es muy alicorto y si se me permite, anticuado. El reto de la rendición de cuentas es, siguiendo lo que el iniciador plantea, el hacerlo hacia abajo, es decir hacia los supuestos “beneficiarios”.
También es demasiado corto el “sobre qué hacerlo”. No se trata sólo del manejo de fondos, eso es obvio, sino sobre consecución de objetivos y sobre impactos. Responder sólo a la pregunta de coloquio televisivo (malo) de si “el dinero llegó” es de una trivialidad penosa. El problema es para lo que sirvan esos fondos. Y casi nunca se rinde cuentas de eso.
En fin, la cosa continúa.
1.Septiembre 2008 por Kattya Cascante
Decirle a Paco, que efectivamente la trivialidad penosa de responder sobre los recursos está trasnochada, pero el sector se mueve en una sociedad muy poco informada. Con mecanismos arbitrarios para una mayor transparencia y acceso a la información que les permita hacer su propio juicio de valor e ir mas allá de lo evidente.
El debate de la rendición de cuentas hace mucho tiempo que está en los objetivos de desarrollo, el problema es que es sólo un debate entre nosotros/as y no llega a la sociedad porque nunca fue ese el propósito (como la iglesia, que no da cuentas porque todo el mundo le supone certificación divina)
Si queremos poner en orden este debate debemos esperar desde el principio, que sea un sistema integral y multidimensional, hacia el desarrollo, pero con un montón de adeptos que sientan y además sepan proclamar las injusticias y la insensatez que supone seguir contemplando el mundo actual en general y el de la cooperación en particular.
Excelente artículo Miguel.